Historias apócrifas (Un cuento inmoral)


  

  Un cuento inmoral


Este cuento lo he sacado de un artículo de José Borrell publicado en El Periódico el 29 de abril de 1.997, cuando se estaba gestando el euro como la futura moneda europea que íbamos a adoptar en 2002. Me he permitido la libertad de modificar un poco el artículo para adaptarlo a las circunstancias actuales.


El dinero, la moneda, como instrumento que impulsa y equilibra la economía es, básicamente, una cuestión de confianza. La historia que sigue, cuyo parecido con la realidad no es mera coincidencia, explica cómo y porqué.

Para deslumbrar y seducir a su amiga, el señor Pérez, un modesto empleado, se hizo pasar por millonario. Con sus pocos ahorros alquiló por un día un Rolls con chófer y, revestido de todos los signos externos de la riqueza, le regaló un collar de 100.000 euros que pagó con un cheque sin fondos.

Su aspecto inspiró confianza al joyero que, demasiado contento por el 50% de beneficio que acababa de conseguir, no verificó la solvencia del cheque. En vez de cobrarlo en el banco, se lo endosó a su amigo vendedor de barcos para pagar el yate de sus sueños. Éste, a su vez, lo usó para pagar a un constructor de su confianza el inicio de las obras de su chalet. Y así, el cheque circuló hasta diez veces, pagando cada vez compras de 100.000 euros y dejando en cada una un beneficio del 50%. Pero el undécimo vendedor no se fió del décimo comprador y cuando intentó cobrar el cheque, descubrió que era papel mojado.

¿Qué hicieron entonces los que se habían ido pasando el cheque en base a una confianza mutua? Si cada uno se hubiese vuelto contra el anterior se habrían anulado todas las transacciones, cada vendedor habría perdido los 50.000 euros que había ganado y la posesión del codiciado bien (barco, chalet, …) que había adquirido. Y a ninguno le serviría de consuelo que Pérez acabase en la cárcel.

Los diez compradores/vendedores decidieron cooperar. En lugar de denunciar a Pérez, acordaron que cada uno aportase 10.000 euros de los 50.000 que habían ganado, para indemnizar al último vendedor. Éste pudo cobrar los 100.000 euros mientras los demás ganaron 40.000 y se quedaron con lo que habían comprado. Nadie molestó a Pérez y su amiga se quedó con el collar. Todos ganaron.

Los protagonistas de este cuento inmoral, basado en la confianza burlada y el engaño asumido, comprendieron que lo que realmente importaba era el intercambio de bienes que habían realizado. El cheque fue un simple instrumento de relación entre ellos, que funcionó hasta que la duda le quitó el valor que le atribuían.

Al firmar un cheque sin fondos, el señor Pérez fabricó dinero, usurpando el monopolio del Banco Central Europeo. El cheque de Pérez tuvo valor porque circuló, pero circuló porque se creyó que tenía valor. No era más que una convención basada en la confianza. Pero el dinero es eso y sólo eso:  un bien colectivo fruto de una convención basada en la confianza, cuyo valor social se prueba y se valida a través de su circulación cotidiana.

El dinero es un invento genial, pero en el fondo es una ilusión colectivamente aceptada. Si se interrumpe su circulación porque se duda de la realidad que hay detrás de esa ilusión, la moneda pierde su valor, porque esa ilusión es su propia realidad.

Este cuento inmoral enseña también que, a veces, buscando el máximo rigor y exigiendo que los deudores paguen, caiga quien caiga, se provocan crisis económicas. Al contrario, la reacción concertada de varios países creando y poniendo fondos para ayudar a aquéllos que están más necesitados puede evitar crisis como hicieron los protagonistas del cuento.

En realidad, nuestros protagonistas no hicieron sino financiar un déficit (el del Sr. Pérez), que había servido para impulsar la demanda y la actividad de todos ellos.

Pero el crédito, el endeudamiento de unos gracias al ahorro de otros, puede usarse para comprar joyas improductivas o para financiar el capital productivo que aumentará el bienestar futuro. Es un problema de equilibrio. Si hay demasiado déficit y se crea demasiada moneda para financiarlo se puede perder la confianza en ella y, entonces, perdería su valor.


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